80 años… desde Chicago

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Desde Chicago, la revista Contratiempo , que dirige Gerardo Cárdenas, publicación en su número 120 (de enero de 2015) un extenso artículo del mismo Cárdenas sobre 80 años, las batallas culturales del Fondo. Lo reproducimos aquí a continuación, íntegro:

De fondos y batallas

Gerardo Cárdenas

En Estados Unidos es impensable la gestión cultural desde el gobierno, sea federal o estatal. Solo algunos gobiernos municipales, y esto en ciudades grandes, apoyan de manera limitada a la cultura y lo hacen más como un soporte para el turismo que a partir de una política específica de ayuda a la literatura, las artes plásticas o la música.

La gestión cultural en este país depende del funcionamiento y crecimiento de organizaciones privadas, y del apoyo financiero de organizaciones filantrópicas: unas y otras agrupadas bajo la figura higiénica de la organización sin fines de lucro o “sin multas de lucro”, representada fiscalmente como 501 (c) 3 , una clasificación en la ley de impuestos federales que agrupa al inmenso sector de las ONG's.

Los fondos para apoyar las actividades culturales de una organización abierta, pareja y feroz puja de las organizaciones culturales ante las filantrópicas. Este es el filtro principal: los proyectos más difíciles o más astutos –que no tienen problemas de mayor calidad— ganan. Pero no existe el concepto de subsidio, porque estos fondos deben volver a disputarse con periodicidad determinada. El panorama es mucho más parejo, y conlleva una precisa representación de cuentas no solo ante el fisco, sino ante el público y el ejercicio de estos fondos está abierto a la inspección general.

Ningún sistema es perfecto. Siempre se podrá desplegar la ausencia de una "política cultural" oficial en EE.UU. Pero, por otro lado, son raros los casos de clientelismo, la sujeción a la teta de la beca oficial, o corrupción.

Es por ello difícil, desde aquí, analizar la política que se ha desatado en México en torno a la gestión cultural a partir del 80 aniversario del Fondo de Cultura Económica, la mayor editorial de ese país y una de las más grandes de América Latina.

Para aproximarse a esta nebulosa, es necesaria la perspectiva histórica. De ahí la importancia de un libro como 80 años: las batallas culturales del Fondo del periodista cultural y escritor mexicano Gerardo Ochoa Sandy. Irónicamente, el libro existe solo en formato digital, publicado por la joven editorial Nieve de Chamoy.

Independientemente del formato, el libro aporta una visión valiosa: la historia, y esta contada en las voces de quienes crean, fortalece y dirige el FCE con el paso del tiempo, comenzando con Daniel Cosío Villegas.

No son voces en el vacío. Con cuidadosa contextualización y selección, Ochoa Sandy las rescata y las pone en el contexto de la historia del México pos-revolucionario, y de la inquietud de José Vasconcelos, Cosío Villegas y muchos otros por educar a un país malherido, pobre y analfabeta; por poner en manos de una joven sociedad los instrumentos de un futuro más promisorio. El único garante de esa misión giganteca es el Estado, pero ahí mismo reside el mal que habrá de contaminar a la gestión cultural: esta se ve atrapada en los mismos juegos políticos que terminan por septiembre a los ideales de la Revolución. La misión nunca se cumple, y el debate queda permanentemente abierto.

Baste este apunte que Ochoa Sandy hace sobre el legado de Cosío Villegas al frente del FCE para traer el debate al tiempo actual. Cosío Villegas ... “colocó las bases de la relación entre las instituciones culturales y el Estado en México durante el siglo XX. La editorial nació con el apoyo del Estado pero defendió su derecho a definir su propia línea editorial, atenta a lo que requería México y Latinoamérica, sin subordinarse a los criterios de un Gobierno o una autoridad. El intelectual inspira el proyecto, El estado lo vuelve institución, El editor lo guía. Los malentendidos y los equívocos, los forcejeos y los ajustes, las claudicaciones y las rupturas son las estaciones periódicas de esta relación. La meta final, siempre inconclusa, es una sola: La política de las instituciones culturales debe definir la comunidad cultural desde la perspectiva laica. La relación no requerida sería ser tortuosa. Lo confirmado el capítulo del exilio español, una decisión de política exterior que benefició a varias facetas de la vida en México, el Fondo entre ellas ".

Estamos en el siglo XXI. ¿De qué manera nos orientamos este libro para arrojar luz sobre el debate actual? La historia narrada por Ochoa Sandy nos muestra un FCE que lucha por mantener su identidad, no solo como ente editorial sino como abanderado de una visión latinoamericanista de la educación y la cultura en medio de tormentas políticas generadas por las tentaciones del poder presidencial para imprimir su sello personal o su autoridad, o de los vaivenes de las transiciones que vive México desde el 2000. El regreso del Partido Revolucionario Institucional al poder, y la controversia generada por el propio director del FCE, José Carreño Carlón, al utilizar al Fondo para apuntalar al presidente Enrique Peña Nieto, hacen urgente una reflexión que parte de su historia, de los motivos políticos como culturales que lo hicieron posible.

Es muy distinto el país en el que nació el FCE hace 80 años al México actual. Algo no ha cambiado: en el debate sobre la vida pública, la gestión cultural sigue jalonada por lo político. Se creó el FCE para acercar la lectura a un país que no leía. Ochenta años más tarde, el país sigue sin leer. Tanto el PRI como el conservador Partido AcciónNacional han ejercido la titularidad del gobierno, y desde ella han jalonado e intervenido en la política cultural. Desde el FCE se ha intentado, aveces con más éxito y otras con menos, apuntalar e impulsar la independencia de pensadores, escritores, gestores y editores. Ese objetivo final, que perseguían Cosío Villegas, Arnaldo Orfila o José Luis Martínez, es factible solo desde una relectura y comprensión de la historia. La que narra Ochoa Sandy, rica en anécdotas, con la minuciosidad del periodista y del investigador, nos acerca a esa relectura a través de las batallas que gestaron y siguen marcando a una aventura editorial única en el mundo.

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Gerardo Cárdenas, periodista y escritor mexicano, es director editorial de Contra tiempo.

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